VIVIMOS EL TIEMPO DEL “DESPRECIO POR LAS IDEAS”

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Que la derecha injurie a los pensadores del país, resulta comprensible, pero que personas como Loza y Arce, coincidan con la oligarquía, en afrentas, a uno de los pensadores más lúcidos de Latinoamérica, resulta dramático, y pone en manifiesto este tiempo de desprecio por las ideas, al cual nos ha arrastrado la derecha. La lucha política es esencialmente una lucha de ideas.

“García Linera es un desleal y malagradecido», sostuvo vehemente el diputado Héctor Arce.

“Es el principal vocero de la derecha”, dijo el senador Leonardo Loza.

Entre 1992-1997, el desleal y malagradecido, al que se refieren, Loza y Arce, estuvo cinco años en la cárcel, fue torturado, delante de su madre y delante de su compañera; por defender la idea de que un indígena debía gobernar Bolivia.

Idea que pudo plasmarse con la victoria del 18 de diciembre de 2005.

Aquel día, en plena oscuridad colonial, después de 500 años, salió el sol.

Bolivia, país en el cual nunca el indígena había votado por el indígena, votó en contra de cientos de años de estigmas y prejuicios clericales.

La mayor victoria de los ejércitos coloniales, consiste en que el colonizado; se desprecie a si mismo.

Por eso, los logros del gobierno de Evo Morales, más que logros económicos, son logros culturales: El indígena pateó el tablero, le demostró al mundo, y así mismo, que podía llevar exitosamente las riendas del país y de su destino.

En nuestros días, la derecha vuelve a erigir el muro de prejuicios que le permitió hacerse del poder durante 200 años: “el indígena es un pedófilo”, “el indígena es un alcohólico”, “es pobre, porque es flojo”, dicen.

Su objetivo no es tumbar a Evo, sino tumbar la idea de un indígena al poder.

Para solaz de los grandes medios de comunicación y de los ejércitos de parásitos que pululan en TikTok, los padres de la patria Loza y Arce, se suman al coro de quienes desprecian las ideas.

La idea es no perder el paradigma del indígena al poder. Esa es la idea.

El año 2006, mas o menos a la una de la tarde, cuando los alumnos del colegio “Iglesia adventista del séptimo día” (Villamil de Rada) salían del establecimiento rumbo a sus domicilios, un niño moreno de aproximadamente 10 años, le dijo, a otro, “Oye Evo, te pareces a Evo”.

El otro niño, respondió, “No, tu eres Evo”. Ninguno de los dos quería parecerse a Evo.

13 años después, esos niños, ahora jóvenes, sin una sola prueba, marchan por las calles diciendo “fraude”, “fraude”.

Ese es el tiempo que brega por regresar.

Entonces, pasarán otros 500 años para que, de nuevo, en plena noche, salga el sol.

Necesitamos que el sol permanezca, iluminando el destino de las naciones y pueblos de la tierra.

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