POLICÍAS DE BUENOS AIRES MATAN A “FACUNDO MOLARES” EL ARGENTINO QUE FUE PRISIONERO DE ARTURO MURILLO 

Internacional Noticia

Brutal represión de la Policía de la Ciudad en el Obelisco; Facundo Molares falleció poco después de que un grupo de policías lo asfixiara pisándole el cuello y la cabeza. Un pequeño grupo de personas de la agrupación Rebelión Popular realizaba una asamblea totalmente pacífica, tal cual lo describen los testigos y las imágenes tomadas en el lugar.

Era militante de Rebelión Popular.

Tiempo Argentino lo entrevistó en abril del año pasado. Aquel encuentro se transcribe a continuación de manera textual, y demuestra quién era Facundo Molares.

Facundo Molares Schoenfeld camina sereno por un pasillo de la Unidad 6 de la cárcel de Ezeiza. En su recorrido hasta la enfermería, su cuerpo es rozado por los rayos blancos del sol que se filtran entre las rejas. Mientras escucha las órdenes de los grises guardias de la escolta, el militante social y fotorreportero argentino, exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), pispea el cielo diáfano del bello abril en un pulmón interno. Camina y piensa. Quizá en el juicio de extradición a Colombia que enfrenta. Quizá en su padre, en su hermana, en sus amigos y compañeros que lo esperan afuera. Quizá en el Conurbano profundo donde nació en los años setenta, en la Patagonia rebelde de su adolescencia durante el menemato, en sus derivas iniciáticas por las venas abiertas de América Latina, en la exuberante selva Amazónica que lo cobijó más de una década, en las jornadas agónicas peleando por su vida en la Bolivia de facto de Jeanine Áñez. Quizá, no tengan dudas, también en recuperar la libertad.

Molares Schoenfeld se agita un poco, pero sigue andando. Deben ser los problemas de salud por los tres balazos de los golpistas bolivianos, el sobrepeso por el sedentarismo carcelario, los días interminables a la sombra. Ya son demasiados los meses que lleva confinado en el penal federal de máxima seguridad. Fue detenido en noviembre pasado en la localidad chubutense de Trevelin, donde había hecho nido luego de ser repatriado desde La Paz.

Entonces, se abre la última reja que nos separa. El hombre de 46 años saluda al entrar a la enfermería con un fuerte apretón de manos, se acomoda en una silla, mira recto a los ojos y dice que quiere hablar. Es momento de contar sus verdades, sus principios, sus muchas historias en el campo de la lucha popular. La larga marcha de un internacionalista.

Fuente: Tiempo Argentino

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